Empujan los ocres y el amarillo impacienta,
se retiran los verdes, protector baldaquino,
que cobijaban nuestra estival agonía,
imperceptiblemente, en las más tardas horas
de los días más cortos, interminables, a veces.
Castaños, nogales, la pizarra ya humedece,
extraviaron su fragancia las lavandas y la tierra cruje a muerte
para que otro día, ¡ ay qué distante que está !
vuelva a presentarse la vida
y florezcan las entrañas.
Las lajas vomitan los últimos jaramagos,
los atardeceres son púrpuras más premiosos
que atan crepúscuos irisados de terminales azules,
a la espera de noches sombrías, casi opacas,
de casa, fuego, versos y soledades del alma.
En mi sierra luce ya un sarpullido de algodoncitos blancos
y en mi corazón eritemas de dolores antiguos, de ahora;
[ nada nuevo.
Me cuesta traspasar este tiempo de melancolías colmado
que, a mi pesar, de mi espíritu todos los nervios entumece,
desvaneciendo los últimos júbilos del embaucador estío.
Ya no resuenan al alba las desafinadas retretas,
los cohetes enmudecieron y los colores al aire
a sus arcas retornaron, como los turrones caducos;
ya recogieron a los santos Patroncitos,
de medio metro, en humildes hornacinas.
Sólo espero que no acudan engañosos sirimiris,
ansío trombas de aguas renovadas
que rebosen las fuentes de las plazas,
los caños de tantos corazones azotados
e inunden de esperanza ésta mi desesperanza.
Granada. 25 de Octubre de 2009. Pedrogollonet
cádiar en octubre. alpujarras granadinas
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