Adivino que son muchos los hombres exhaustos
que ya no aguardan amaneceres distintos
y agradecen la placidez de la niebla,
porque opaca la fatiga, el desaliento, lo trivial
y hasta la injusticia que a sus almas devora.
En mis sueños, los advierto marchitos de rastrear cobijos
donde ocultar sus tristezas y abandonarse en la bruma,
dejándose cubrir, indefensos, como si en un rito
se adentraran en la muerte de ese día,
en el anticipo de otras muchas, tal vez;
mas al disiparse la nívea veladura,
asoma sonriente la luna y aspiran aliviados
en un hálito abismal, porque ella les susurra,
advirtiéndoles que la soledad es relativa,
aunque, a veces, también ella discretamente se retire.
Esta noche la más albar de todas las sonrisas
ha vencido a cuantas calimas acudieron; hoy no duermo sólo
ni hurgo en los rincones para encerrar tristeza alguna,
porque en su reverso adivino esperanzas
y hartazgo de penas repetidas.
[¡ No más vacuas congojas... !.
Pedrogollonet. Benalmádena, 2 de noviembre de 2009.
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