Muchísimas gracias, Jesús.
La suerte ya está en poder compartir la palabra con cuantos se acerquen a este poemario tan personal, tan querido por mí, tan doloroso, y en el que muchos puedan sentir la complicidad en el desahogo de sentimientos tan comunes, tan humanos, como la soledad, el desarrarigo, la intolerancia y al fin la esperanza.