El poemario de José Antonio Zambrano “Apócrifos de Marzo”, en la cuidada edición de Calambur (Madrid 2009) y con el riguroso y preciso prólogo de Alonso Guerrero, me proporciona en su lectura la posibilidad de incorporar al blog dos poemas que me han resultado sublimes.
El tiempo, una vez más, la búsqueda en la poesía, la muerte, la huella de los años y una inconmensurable ternura en la esperanza última que trasciende de ellos, nos sitúan en una poesía de experiencia, transparencia y exactitud en el lenguaje.
Me parecen sumamente poéticas y acordes con el poemario las palabras de Alonso Guerrero en el prologo: “El objetivismo es difícil cuando de lo que se trata es de amplificar una sensibilidad, pero Zambrano ha alcanzado ese momento, real en la vida del hombre, en que uno pasea por el caserón con las llaves en la mano”.
Esas llaves que creo tener y tantos días pierdo… Pedro Gollonet.
Apócrifos de Marzo. José Antonio Zambrano
Fuera del tiempo
Lo que parece pero no es
quiebra el sentido de lo escrito
y pacta entre sus líneas
el perpetuo desaire de contar el silencio.
Ahora,
más fuera de los días
y más cerca del dolor,
ando sin rumbo por el milagro de los ojos
que se funde inconsolable en mi gesto.
Escuchad este grito sin brillo,
este abandono de miedo oscuro
y mirada muda
que intenta comprender la vida
desde el absurdo de la muerte.
Y todo,
porque la poesía no hace que sucedan cosas,
decía Auden,
pero siempre pensamos en su patria.
Vuelvo,
a esta afrenta de los rincones
que adobo como sitio,
mientras ajusto
la huella que pretenden mis pasos,
y que sirve a este final
de su única obstinación:
ser uno dentro del corazón de muchos.
Horas desnudas
El que dice las cosas de otro modo,
el que mira extraño el capricho de la nieve
y hunde sus manos en las grietas del agua
es el tiempo,
que alberga en las noches de deserción
sus horas colgadas
como espigas a secar.
Esas horas que nunca son de nadie,
que pertenecen al olor del mundo,
todas impúdicas y ciegas ofreciendo
lo amargo de su burla:
contener en lo posible
la cita que se aferra en confundir
el único poema al que aspiro.
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