Aún con el sabor dulce de la presentación de mi libro Todos los segundos en Granada -Medioteca Francisco Ayala del Centro Cultural CajaGranada- y antes de ahogarme en la siempre inconveniente autocomplacencia, no hay mejor antídoto que la lectura para volver a apreciar la efímera existencia del gozo y despertarme en la compañía de otras palabras. Para ello nada más estimulante que la poesía de Yolanda Sáenz de Tejada.
Yolanda Sáenz de Tejada consiguió el Premio Sial de Poesía 2008 con su poemario Tacones de azúcar. Si el título ya es, de por sí, sugestivo, más lo son los poemas en él recogidos.
Tuve conocimiento de la poesía de Yolanda en ocasión de un recital de Gracia Trinidad en Libertad8, en Madrid, en el encuentro mensual de Hazversidades Poéticas de los 8 a las 8 y en el contexto de una tertulia sobre nuevas voces. A esa circunstancia que me interesa sobremanera, se añadió mi interés al descubrir que su voz llegaba desde Granada -mi tierra-, cuyo sólo nombre me hace estar siempre alerta. Y, sin remedio, no tardé en adquirir este poemario.
Ante todo, sus palabras nos arrojan vitalidad y alegría, sensualidad y el gusto por la belleza de lo pequeño –tan sublime-. Esa positividad trasciende en cada poema, aunque el dolor se agazape detrás de la idea y preñara en otro tiempo la vivencia.
Mi obsesión por el tiempo en la poesía y mi aprecio del presente, me han hecho más cercana la poesía de Yolanda, en la que el ahora o el después presente adquiere un valor determinante en sus poemas.
La aparente sencillez expresiva no es sino una manifestación de esa sinceridad vitalista ausente de ambages inútiles, pero con un particular dominio de la palabra.
Siempre he compartido la emoción de Riszard Kapuscinsky cuando decía que al escribir poesía, descubrimos en nosotros una otredad que nos sorprende en una sensación preciosa y extraña. Pues bien, me parece intuir que Yolanda Sáenz de Tejada disfruta también en ese descubrimiento que siempre nos hace encontrarnos con nosotros y en nosotros mismos. Con mi felicitación a la autora, incorporo dos poemas que me han gustado sobremanera y que quisiera compartir con quienes os acercáis a este modesto blog.
Pedro Gollonet. Sevilla, 23 de febrero de 2010.
Tacones de Azúcar. Yolanda Sáenz de Tejada
a los poemas de amor que nunca me dieron
No sé
por qué siento
(pura indecencia)
celos de los poemas
que algunos hombres
escriben
a sus mujeres.
No sé
por qué me cuelgo
de la disculpa
un ahogo de
sonrisa torcida,
un amargo deseo
de destrozar
con mis dientes
esas frases.
(No la ames
tanto,
por favor)
Y termino
cerrando el poema,
dándole un portazo
a las comas
y escupiendo
en los puntos
(y aparte)
que han seguido
escondiéndome
la envidia.
Ahora vengo
aquí,
a este folio
coagulado de mí
(mi yo feo
y oscuro)
para mendigarte
a ti
(tu yo blanco de
versos inmaculados)
que me hagas
(por Dios)
un poema
de amor.
Ha vuelto
sin avisar.
Con la vida recién lavada
y los sueños
preñados de nervios
y soledad.
Se ha sentado
exánime
en mi pelo
y me ha desenredado
la boca.
Al terminar,
me ha dejado probar
un trozo
pequeñito
de su lengua.
Sabía a almíbar
y a esencia de turrón.
A flores de menta
(con recuerdos)
y a sorbitos
dulces
de dolor.
Al terminar
la locura
del reencuentro,
he apartado
mis huesos
de su cuerpo
y sus ojos
de mi ardor.
Lo siento,
le he dicho
con una mentira
de verdad.
Alquilé nuestra
casa,
y al mismo inquilino,
mi corazón.Tags: Yolanda Sáenz, Tacones de azúcar, alegría, sensualidad, presente