Hay días en que las horas
te pesan más que la pena,
la respiración de los otros
-al hablar-
de la tuya el aire te roba
y tan sólo encuentras aliento
en el tosco papel reciclado,
como tu vida, como tus manos,
porque las alegrías
-tan pocas-
las celebras con vodka
y en la calle, a extraños inhalas
fundiéndote en cualquier chaflán,
en las sombras de tu sombra en cada revuelta.
La pena es tuya y de otros más tardía
cuando de palabras el papel se preña
y de alguna gotera que de tus ojos se fuga,
como la soledad, también tuya
-ésta sólo tuya-,
pues no es cosa de dar
y menos aún de prestar,
que eso sería felonía.
Hay días en que tus manos,
cada vez más pecosas,
como por azar,
prenden un libro de antaño
y Miguel Hernández te habla, y Federico,
y Aleixandre,
los acaricias y los lloras,
y en ese llanto
también lloras en ti y por ti,
sin saber como pudiste
no sucumbir entonces
al pronunciar un poema,
al despedir un amor que volaba
Y es que, hermano del alma tullida,
hay días que al llanto regresas
con aquellas lágrimas de niño,
sin pucheros ahora,
con pena sorda de adulto
y en ese lloro te encoges,
tan pequeño, desnudo,
de ambiciones exento,
por tanto tiempo sin nada,
por tan poca mies
en tu verbo,
por tan poco tiempo delante,
por ti, en ti,
y te rebelas, y te niegas,
mas a la angustia no hospedas,
que siempre te quedará el vodka,
siempre una esquina a la vuelta,
cada vez menos, un extraño,
y hasta puede que la vacua quimera
de un inédito deseo.
Pedro Gollonet. Sevilla a 3 de marzo de 2010
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