seguid ocupados.
a Ángel González, a quien siempre regreso
No sé si este afán lo consideráis pretencioso
-a mí me resulta justo-,
pero humildemente suplico
que cuando ante mí se presente
todos estéis ocupados,
algunos más alegres que otros,
pero también ocupados;
tan sólo postulo por unas manos
que me hablen al estrechar las mías,
unos ojos que me abracen sin juzgar
y poder a alguien decir: me muero.
Mientras ella o su tiempo no irrumpan
–nunca comprendí su género-,
por favor, a todos los santos rogad
-vosotros a quienes quiero ocupados y hasta alegres-
que no sea en la calle
donde manos ajenas me aprieten,
donde esa mirada me escrute,
que, si es posible, reclamo junto a mis libros estar,
entre mis recuerdos más inocuos, mis olores,
mi soledad de siempre
y si os lo requieren implorad con todas las fuerzas
que junto a extraños no represente
esa mi última función,
que los aplausos ya me incomodan
y sólo anhelo que me dejen solito
con unas manos que hablen, una mirada fuerte,
mis cosas y lo que reste,
que eso sí es vida.
Y, por favor, seguid ocupados.
Pedro Gollonet,
en Gelves a 19 de marzo de 2010.Tags: Pedro Gollonet, hogar, soledad, calor, muerte, Ángel González