Viernes, 07 de mayo de 2010


Después de engullir El don de Vorace, de Félix Francisco Casanova, del que no voy a comentar hoy nada con brevedad, porque sería un desprecio hacia una obra sencillamente genial -ya no lo he podido evitar- y para buscar un poco de paz, regreso a la poesía (la que no te lo garantiza en absoluto), leyendo con especial placer el poemario Aquí, de Wislawa Szymborska, en edición de Bartleby Editores con traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano.

Mi propensión a la lectura y el gusto por la poesía en lengua española o, en su caso, inglesa –la americana preferentemente-, me limita el conocimiento de muchos autores como Wislawa Szymborska, prácticamente desconocida para el lector español y de una profundidad, ironía y sutileza encomiables, aunque en ocasiones parezca manejar cierto simplismo consciente en el desarrollo expresivo. El resultado de su poesía está, además, bastante conectado con las sensibilidades latinas en su temática y expresividad, lo que la hace mucho más cercana.

A continuación dos poemas de SzymborskaAQUÍ, que da título al libro y evidencia una profundidad reflexiva y un estilo sumamente actual -con lo poco que me gusta este término tan utilizado por los custodios de las vanguardias, siempre impelidos al fracaso por la insumisión de la Poesía-, e IDEA, tan especial para cualquiera que escriba, en su lucha con la palabra, con la idea que aparece y se esconde burlándose de nuestra ansiedad por apresarla en el papel.  Pedro Gollonet.

 

 

                               AQUÍ

 

No sé cómo será en otras partes

pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.

Aquí se fabrican sillas y tristezas,

tijeras, violines, ternura, transistores,

diques, bromas, tazas.

 

Puede que en otro sitio haya más de todo,

pero por algún motivo no hay pinturas,

cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lágrimas.

 

Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores.

Algunos te pueden gustar especialmente,

puedes llamarlos a tu manera,

y librarlos del mal.

 

Puede que en otro sitio haya lugares así,

aunque nadie los encuentre bonitos.

 

Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,

aquí tengas un torso separado

y con él los instrumentos necesarios

para añadir los propios a los niños de otros.

Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.

 

La ignorancia tiene aquí mucho trabajo,

todo el tiempo cuenta, compara, mide,

saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.

 

Ya, ya sé lo que estás pensando.

Aquí no hay nada duradero,

porque desde siempre hasta siempre está en manos

                                              [de los elementos.

Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido

y a veces tienen que descansar mucho

hasta la próxima vez.

 

Y sé qué más estás pensando.

Guerras, guerras, guerras.

Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.

Firmes – la gente es mala.

Descansen – la gente es buena.

A la voz de firmes se produce devastación.

A la voz de descansen se construyen casas sin descanso

y rápidamente se habitan.

 

La vida en la tierra sale bastante barata.

Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.

Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.

Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.

 

Y por si eso fuera poco,

giras sin billete en un carrusel de planetas,

y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,

en unos tiempos tan vertiginosos

que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

 

Porque mira bien:

la mesa está donde estaba,

en la mesa una carta, colocada como estaba,

a través de la ventana un soplo solamente de aire,

y en las paredes ninguna terrorífica fisura

por la que el viento se te lleve a ninguna parte.  

 

 

                                  IDEA

 

Me vino a la cabeza una idea

¿para un verso?, ¿un poema?

Muy bien – le digo -, quédate, hablemos.

Tienes que contarme más de ti.

              Ella me murmura algo al oído.

Ah, se trata de eso – le digo -, interesante.

Desde hace mucho me preocupa ese asunto.

¿Pero un poema sobre eso? No, seguro que no.

               Ella me murmura algo al oído.

Eso es lo que tú crees – le respondo-,

sobrestimas mi capacidad y mi talento.

Ni siquiera sabría cómo empezar.

                Ella me murmura algo al oído.

Te equivocas – le digo -, un poema concentrado y breve

es más difícil de escribir que uno largo.

No me tortures, no insistas, porque no va a salir bien.

                 Ella me murmura algo al oído.

Como quieras, lo voy a intentar, ya que te empeñas.

Pero de antemano te digo lo que va a pasar.

Ya verás, lo escribo lo rompo y lo tiro a la basura.

                 Ella me murmura algo al oído.

Tienes razón – le digo -, finalmente hay más poetas.

Otros lo harán mejor que yo.

Te puedo dar nombres, direcciones.

                 Ella me murmura algo al oído.

Sí, claro que los voy a envidiar.

Nosotros nos envidiamos hasta los malos poemas.

Y éste quizá debería… quizá debe tener…

                  Ella me murmura algo al oído.

Exactamente, tener esos rasgos que enumeras.

Así que mejor cambiemos de tema.

¿Te apetece un café?

 

                          Ella solamente suspira.

 

                          Comienza a desaparecer.

 

                          Y desaparece.    






 

 

 

 


Tags: Wislawa Szymborska, Aquí, poesía sutil, profundidad, ironía

Publicado por pedrogollonet @ 18:48  | Literatura. Poes?a
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