Domingo, 16 de mayo de 2010



        Las agujas de mi reloj no conocen la prisa,

        que mi hora la marca el lomo amarillento de mis libros

        -los únicos sabios de mi tiempo

        y del polvo acumulado de mi vida-.

 

        Mi reloj carece de guarismos

        que rubriquen las horas y todas sus fracciones

        -tan tardas que hasta al tiempo hastían-.

        Tan sólo entiende de años

        y en prudentes piruetas de quinquenios,

        más agradecidos, mucho más cómplices  

        si la luz que nos alumbra es más bien tenue.

 

        Mi reloj no se somete a patrones

        que le impongan adelantar sus horas,

        engañar su tiempo, retrasar su ocaso

        en días más claros, aparentemente más lentos,

        más ilesos, más trileros sin duda.

 

        Yo no vivo a la espera de mandatos

        -para en el centro de una noche demolida-

        poder cambiar de estante mis libros:

        al frente los más recientes y limpios,

        tres niveles más abajo los que más amarillean

        -revestidos de escamas de la piel de dedos

        que fueron más tersos, de sombríos espectros

        de melancolías amañadas, arrugas y dolores ya resecos-.

 

        Cuando mañana asome el quicio de la aurora  

        mi parda estancia aún simulará primaveras, 

        sin que nadie conduzca mis horas

        ni adelante mis relojes,

        que ya me ocupo yo

        de no recordar quien soy

        en el rostro renovado de mis libros.

 

        Ya llegará el día en el que de rodillas

        sacuda el polvo de toda la memoria escarmentada,

        avente los pedazos de mi tiempo, sus esquirlas,

        el perfume de las páginas anidadas de secretos

        y sienta el frío definitivo del papel hecho cenizas

        que mis exangües pies entierren.  

 

        Reloj de arenas que al tiempo no embaucan,

        salpicadas de convalecientes palabras

        que atizan las incandescencias de mi espíritu.

        Clepsidra de versos que alisan la orilla de mis días.




        Pedro Gollonet. 16 de mayo de 2010.







Tags: Pedro Gollonet., tiempo, libros, poesía, reloj

Comentarios
Publicado por Jose Zuniga
S?bado, 22 de mayo de 2010 | 12:35
El tiempo, siempre el tiempo. Y siempre t? en estos versos tan tuyos.
Abrazo