Domingo, 06 de junio de 2010


     

El tiempo debiera regalarnos algún día

-unas horas si cabe,

que no es cosa de pecar de ambición

a estas alturas-

y volver a sentir aquellos calambrazos

de piel joven y cuerpos encendidos

de inocencia y pasión inexplorada,

mas aquel no sabe de amistad

ni se fía de las artes de tan sagaces aves

que el otoño sobrevuelan.

 

Las pocas turbaciones que nos restan

tenemos que ganarlas con los dientes apretados,

sin recatos, despreciando los dolores,

orgullosos de los surcos de los años,

derrotando la memoria en el olvido,

que es el propio tiempo que lame las heridas,

avivando las brasas en pupilas que no humillen

y se enciendan en el fuego de la edad,

sin obscenas promesas de lealtad.

 

 Despertar, en fin, de tarde en tarde

        del letargo de esta lenta siesta,

adormecida por el ritmo mortecino

de chicharras en duelos entrenadas

y reconocernos en el vello erizado

por la carne y la emoción

       de una mirada arrebatada.



Pedro Gollonet. Benalmádena, 6 de junio de 2010







Tags: Pedro Gollonet, tiempo, pasión, brasas

Comentarios