Martes, 09 de noviembre de 2010

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JEAN NICOLAS ARTHUR RIMBAUD? muere en la noche del 9 al 10 de Noviembre de 1891.? No encuentro mejor homenaje en el aniversario de su fallecimiento que la lectura y reproducci?n del extraordinario e inimitable poema El BARCO EBRIO, introducido por las palabras de Antonio Mart?nez Sarri?n en el pr?logo a la excelente edici?n de Poes?as de Austral Poes?a, de la que tambi?n es traductor:

?A la luz de los diversos enfoques en el tiempo, los ?rimbauds? que nos salen no son precisamente pocos ni homologables. Tenemos al decadente, al surrealista, al esot?rico y gn?stico, el cat?lico vuelto al redil en sus finales, al m?stico, al fascista, al celta, al comunero o comunista, al ?crata, al terrorista, al ?vido burgu?s colonialista de su madurez, al paradigma y objeto de adoraci?n para homoer?ticos, perversos y drogados, al ?aventurero de lo absurdo? (Camus), al existencialista que ?se elige? en la angustia (Sartre), al profeta, al vidente, al argonauta, al jud?o errante, al inspirador de mayor potencia del rock con m?s alta sofisticaci?n (el de los textos de Jim ?Morrison, letrista y cantante de The Doors, que pidi? ser enterrado en Paris, en su honor y en el de Baudelaire), al dios?.?

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??????????????????????????? El Barco ebrio

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Cuando iba descendiendo por impasibles r?os

sent? que no me guiaban ya m?s los sirgadores:

aullantes Pieles Rojas, tom?ndolos por blanco,

los clavaron desnudos a postes de colores.

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Ya no me preocupaba de las tripulaciones,

de los trigos e Flandes o el algod?n ingl?s.

Cuando, al faltar los gu?as, se calm? el alboroto,

me dejaron los r?os bogar a mi placer.

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En el chapotear duro de las mareas

otro invierno, m?s sordo que un cerebro infantil,

recorr?. Las Pen?nsulas de m?s rotas amarras

nunca experimentaron confusi?n m?s triunfal.

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El temporal bendijo mis vigilias mar?timas.

M?s ligero que un corcho, por las olas danc?

-arrolladoras olas eternas con sus v?ctimas-

diez noches, sin buscar el necio ojo del faro.

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M?s dulce que, a los ni?os, las ?cidas manzanas,

entraba el agua verde en mi casco de abeto,

lav?ndome las manchas de v?mito y vino,

y trastocando, al tiempo, el ancla y el tim?n.

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Y desde entonces pude ba?arme en el Poema

de la Mar lactescente, salpicada de astros,

bebiendo un verde azur, entre p?lidas ondas

por donde, a veces, cruza un muerto pensativo.

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O donde, desti?endo de golpe los a?iles,

ritmos lentos o locos, bajo el brillo del d?a,

m?s fuertes que el alcohol, m?s vastos que las liras,

fermentan los acerbos rubores del Amor.

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Vi cielos estallando en f?lguras, vi trombas,

resacas y corrientes; y conoc? la noche,

y, como una naci?n de palomas, al alba?

Y vi, a veces, aquello que el hombre crey? ver.

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He visto el sol poniendo te?ido de horror m?stico,

iluminando inmensos co?gulos viol?ceos

y, un poco como actores de antiqu?simos dramas,

a olas que dan portazos, rodando ya muy lejos.

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So?? la verde noche de nieves cegadoras,

besos que suben lentos a los ojos del mar,

y la circulaci?n de la savia inaudita

y el alerta, azul y oro, del f?sforo cantor.

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Segu? durante meses, como vacada hist?rica,

las olas al asalto de los acantilados,

sin sospechar que el pie claro de las Mar?as

pudiese dome?ar el jadeo del oc?ano.

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Tropec? ?lo sab?as? con Floridas de f?bula,

combinando sus flores con panteras humanas,

y arco?ris tensados, como si fuesen bridas,

que enlazasen a glaucos reba?os bajo el mar.

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He visto fermentar marismas, grandes nasas,

o pudrirse entre juncos a todo un Leviat?n,

y, en las calmas, derrumbes s?bitos de las aguas

cayendo entre fragores con abismos sin luz.

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Hielos, olas de n?car, soles plateados, cielos

de brasa; y en el fondo de golfos, varaderos

donde enormes serpientes, comidas por los chinches,

caen de ?rboles torcidos entre oscuros aromas.

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Habr?a sido feliz mostr?ndole a los ni?os,

dorados de agua azul, a los peces que cantan.

-Floreadas espumas guiaron mis derivas

y vientos inefables me izaron al pasar.

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Al fin, m?rtir cansado de polos y de zonas,

el mar, cuyo sollozo muy tenue me acun?,

hacia m? levantaba mojadas flores gualda

y yo ca?a de hinojos, igual que una mujer.

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Isla que balanceara en la orilla sus quejas

y el guano de unas aves canoras, de ojos claros,

yo bogaba. Entretanto, por mis amarras fr?giles,

los ahogados bajaban lentamente a so?ar?

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Mas yo, barco extraviado en redes de ensenadas,

lanzado por las trombas hacia el ?ter sin aves,

yo, a quien los guardacostas o los nav?os del Hansa,

mi casco ebrio de mar no podr?an rescatar,

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libre, humeante, envuelto por la bruma violeta,

yo, que horadaba el cielo c?rdeno, como un muro,

que transporto ?confites que gustan al poeta-

los muermos del azur, los l?quenes del sol;

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yo, que corr?a moteado de l?nulas el?ctricas,

tabl?n loco, escoltado por negros hipocampos

cuando julio sumerge a grandes cintarazos

cielos ultramarinos en potentes embudos;

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yo, que temblaba, oyendo gemir en la distancia,

al Behemot brutal y al tupido Maelstrom,

eterno tejedor de quietudes azules,

?a?oraba a mi Europa de viejos parapetos!

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He visto siderales archipi?lagos, islas

de cielos delirantes, listos para bogar.

-?En esas noches hondas, mill?n de aves de oro,

duermes en el exilio, oh futuro Vigor?

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Mas llor? en demas?a. El Alba es dolorosa.

Toda luna es atroz y todo sol amargo.

El amor me colm? de embriagantes torpores,

?Que reviente mi quilla y que me hunda en el mar!

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De a?orar alg?n agua de Europa, ser?a el charco

negro y fr?o, en que un ni?o entristecido suelta

en tardes perfumadas, absorto y en cuclillas,

su barco, delicada mariposa de mayo.

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Ola, no puedo ya, inmerso en tu molicie,

acabar en estela de barco algodonero,

ni franquear el orgullo de llamas y banderas,

ni nadar bajo el ojo triste de los pontones.?

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Publicado por pedrogollonet @ 21:17  | Literatura. Poes?a
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