S?bado, 18 de diciembre de 2010

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A?n hoy, Cuatro Cuartetos, de T. S. Eliot est? en la m?dula del debate po?tico sobre su valor ?para muchos la mejor secuencia de poemas largos compuesta en el siglo XX, en tanto que para otros no es sino la manifestaci?n de la p?rdida del talento po?tico de Eliot-.

La estructura central del poema es una profunda meditaci?n sobre la existencia en el tiempo y sobre la posibilidad de trascenderlo, como pone de manifiesto Esteban Pujals en su extraordinaria edici?n biling?e de C?tedra -?el paso del tiempo y el momento de eternidad en que el tiempo se detiene??-.?

Tal vez este trasfondo tem?tico sea la causa de mi admiraci?n por el poema y por el autor, sin entrar a valorar si la evoluci?n de Eliot es producto de sus crisis personales, del alejamiento de Pound como influencia o, sencillamente, si el propio tiempo es la irremediable causa de un giro en su concepci?n po?tica que, para m?, tiene el mismo valor que el gusto cambiante por un tipo u otro de poes?a.

La Poes?a es emoci?n, humanidad y alma. Si se enmascara en la abstracci?n y el simbolismo o en una estructura redonda, definida y con una sintaxis discursiva, me resulta absolutamente indiferente. No hay nada m?s cambiante y ambiguo que la modernidad. De Eliot me interesan hasta sus vaivenes, contradicciones, debilidad, dependencia de Pound?, etc. Es la expresi?n de lo que admiro en un hombre y en un poeta ?su condici?n evolutiva, contradictoria, la inseguridad, la crisis como fuente de inspiraci?n o como resorte para vivir-.

Cuatro Cuartetos -en su deliberada construcci?n est?tica, frente a La tierra bald?a- no deja de ser el poema redondo, cerrado, perfecto, con independencia de que el lector pierda esa inquietud que le acompa?aba en La tierra bald?a y que a?ad?a interacci?n y una imperfecci?n que dejaba flecos de interpretaci?n y duda siempre de agradecer.

En East Coker utiliza el ciclo de las estaciones y una distorsionada visi?n de la eternidad para encubrir una iron?a melanc?lica y por momentos de evidente desasosiego personal. Hay pasajes y estrofas realmente sublimes, si somos capaces de aislarnos de la comparaci?n con su obra anterior o del debate sobre la vanguardia y la modernidad o de la mayor influencia de Pound en etapas anteriores.

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???????????????????????????? EAST COKER

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??????????????????? ?????????????? I

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En un principio est? mi fin. Las casas

se suceden: se levantan y caen,

se derrumban, se ampl?an y trasladan,

se destruyen, se restauran, ocupa

su lugar el campo abierto, una f?brica,

el camino. Vieja piedra al edificio

nuevo, le?a vieja a los nuevos fuegos,

fuegos de anta?o a la ceniza

y las cenizas a la tierra, carne

ya, pelo y excremento, hueso de hombre

y bestia, hoja y tallo de ma?z.

Las casas viven, mueren: hay un tiempo

para edificar y para la vida

y la generaci?n y un tiempo

para? que el viento rompa el vidrio suelto,

sacuda el z?calo por donde trota

el rat?n y el tapiz

donde tejieron callada leyenda.

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En mi principio est? mi fin. Desciende

ahora la luz sobre el campo abierto

y deja el hondo sendero encerrado

por la enramada en la tarde oscura,

donde te reclinas sobre un talud

para dejar paso a un furg?n e insiste

el camino en la direcci?n del pueblo,

por el calor el?ctrico hipnotizado.

En la c?lida neblina la luz

es absorbida por la piedra gris,

no refractada. Duermen las dalias

en el silencio vac?o. Espera

a la lechuza temprana.

????????????????????? En ese campo abierto,

si no te acercas demasiado, si no te acercas

demasiado? se puede a medianoche

en verano o?r la m?sica, d?bil

flauta y tamboril, y verles bailar

en torno a la hoguera, la asociaci?n

del hombre y la mujer en danza que indica

matrimonio: honroso sacramento

y oportuno. Dos y dos, necesaria

uni?n en la que t?manse del brazo

o de la mano el uno al otro

y con ello significan concordia.

Giran, giran alrededor del fuego

saltando las llamas, formando corros

con r?stica severidad y r?stico

alborozo, alzando pesados pies

en grosero calzado, pies de tierra,

pies de arcilla en campestre regocijo

alzados, el regocijo de quienes

desde hace mucho alimentan el trigo

bajo tierra. A comp?s, al ritmo

en la danza como en sus vidas siguen

el ritmo de las estaciones vivas,

el tiempo d las estaciones

y el de las constelaciones, el tiempo

de orde?ar y el de cosechar, el tiempo

del acoplamiento de hombre y mujer

y el de las bestias. Se alzan los pies

y caen. Comen, beben. Muerte y esti?rcol.

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Despunta el alba y se dispone un d?a

m?s al calor y al silencio. Al alba

el viento en alta mar ondea

y se desliza. Aqu? estoy, o all?,

o en cualquier otra parte. En mi principio.

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???????????????????????? ?II

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?Qu? hace el noviembre tard?o

con el revuelo de la primavera

y con las criaturas del est?o,

las campanillas blancas

aplastadas por los pies, la altanera

malva, roja, gris, y ca?da al fin,

coronado el rosal tard?o

de nieve prematura?

Arrastrados por los astros rodantes,

f?ngense los truenos carros triunfales

desplegados en guerras consteladas;

contra el Sol lucha el Escorpi?n

hasta ponerse Luna y Sol,

los cometas lloran, y vuelan

a la caza del cielo y las llanuras

los meteoros, arrastrados

por el torbellino que al mundo atrae

al fuego de la destrucci?n; el fuego

que arder? hasta que el casco polar impere.

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?sta era una de las maneras de decirlo,

no muy satisfactoria: un estudio

perifr?stico en estilo anticuado

que a?n le deja a uno con la lucha

intolerable contra las palabras

y el sentido. La poes?a

es lo de menos, no es (para empezar

de nuevo) lo que uno se imaginaba.

?Qu? valor pod?a corresponderle

a lo largamente aguardado,

la anhelada calma, el sosiego

oto?al, la cordura de los a?os?

?Nos enga?aron o enga??banse

ellos, los ancianos, la voz queda,

al no legarnos sino la receta

de un fraude? La serenidad tan s?lo

un voluntario embotamiento,

nada la cordura sino un saber

sobre secretos muertos, inservibles

en la tiniebla a que se asomaron

o de la que apartaron la mirada.

Hay, nos parece, a lo sumo un valor

limitado en el saber por experiencia.

Impone su pauta la percepci?n

?y lleva a error, pues es nueva la pauta

a cada instante y cada instante

es una valoraci?n renovada

y sorprendente de cuanto hemos sido.

S?lo no nos enga?a lo que, siendo

enga?oso, no puede? ya da?arnos.

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A mitad? del camino, y a?n m?s,

por el camino todo, en una selva

oscura, en un zarzal, junto a una ci?naga

donde el paso es inseguro y hostigan

monstruos, luces fant?sticas y el riesgo

de ser hechizados. No me hable nadie

del saber de los viejos,

sino de su demencia, su temor

a la posesi?n, a pertenecer

al otro, o a otros, o a Dios.

El ?nico saber al que podemos

aspirar es el de la humildad, que es infinita.

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Todas las casas yacen bajo el mar .

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Los que bailaban yacen bajo el cerro.

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?????????????????????????? III

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Tinieblas y m?s tinieblas. Sum?rgense

todos en las tinieblas, en los vacuos

espacios interastrales, vac?o

al vac?o, capitanes, banqueros,

hombres de letras eminentes,

gobernantes y estadistas, magn?nimos

protectores de las artes, ilustres

funcionarios, presidentes de muchos

comit?s, magnates de la industria

y peque?os contratistas, todos se sumergen

en las tinieblas, el Sol y la Luna,

oscuros y oscuro el Almanaque Gotha

y la Gaceta de la Bolsa,

y la Gu?a de Directivos,

fr?o el sentido y perdido el m?vil de la acci?n.

Y todos les seguimos al callado

funeral, funeral que no es de nadie,

pues no hay nadie a quien enterrar.

Le dije a mi alma, qu?date quieta,

deja que te anegue la oscuridad

porque ser? la oscuridad de Dios.

para cambiar la escena con vac?o,

rumor de bastidores, movimiento

de los oscuro en lo oscuro, y sabemos

que se llevan enrollados el ?rbol

y la colina, el paisaje lejano

y la imponente fachada; como en el Metro,

cuando se detiene el tren demasiado,

tiempo entre estaciones y animase

la conversaci?n para poco a poco

hacerse el silencio y en cada rostro

ves ahondarse el vac?o de la mente

que deja s?lo el creciente terror

a no tener en qu? pensar; o cuando

bajo los efectos de la anestesia

sigue uno consciente, pero consciente

de la nada? Le dije a mi alma, qu?date

quieta y espera sin expectativas,

pues tenerlas supondr?a esperar

erradamente; espera sin amor,

pues ser?a amor a cosa equivocada;

hay todav?a fe, pero la fe

y el amor y la esperanza consisten

en esperar. Espera sin pensar,

pues no est?s a?n preparada

para el pensamiento: la oscuridad

ser?, as?, la luz y la quietud de la danza.

Murmullo de los arroyos, rel?mpagos.

Invernales. El silvestre tomillo

Inadvertido y la fresa silvestre,

la risa en el jard?n, el ?xtasis

guardado por el eco, no perdido

sino exigiendo, se?alando

la agon?a de morir y nacer.

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Dices que r pito algo que ya he dicho.

Lo dir? otra vez. ?Volver? a decirlo?

Para llegar adonde est?s

desde el lugar en el que no te encuentras,

deber?s seguir un camino

en el que el ?xtasis no existe.

Par acceder a lo que no conoces

debes seguir una senda de ignorancia.

Para poseer lo que no posees

debes recorrer el camino

de la desposesi?n.

Para poder ser quien a?n no eres

debes seguir el sendero en que no est?s.

Y s?lo sabes lo que ignoras

y lo que no tienes es lo que tienes

y est?s donde no est?s.

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???????????????? ?????????????? IV ?

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Blande el herido cirujano

el acero, hurga en la parte

afectada; bajo la mano

sangrienta se adivina el arte

del m?dico, compasivo, sutil:

resuelve el enigma de la gr?fica febril.

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Ser? salud nuestra afecci?n

obedeciendo a la enfermera

moribunda cuya atenci?n

permanente no es nuestra mera

complacencia, sino recordar la maldici?n

de Ad?n: hemos de empeorar para la curaci?n.

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La tierra entera un hospital

legado por el arruinado

millonario; el afortunado

muere en ?l por el paternal

y absoluto cuidado

que no nos abandona y nos aparta del mal.

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Sube a las rodillas el fr?o

de los pies, silba en los mentales

hilos la fiebre. Si el calor ans?o

habr? de helarme en los glaciales

fuegos purgativos, temblor

donde la llama es rosas y el humo es zarza en flor.

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No teniendo para beber

sino la sangre, y por comida

la carne enrojecida,

nos gusta imaginarnos sanos, ser

carne y sangre de verdad; entretanto

y sin embargo llamamos a este viernes Santo.

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????????????????? ???????????? V

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Aqu? estoy, pues, en medio del camino,

despu?s de haber pasado veinte a?os

-veinte a?os casi perdidos, los de entreguerras-

intentando aprender a utilizar las palabras;

y es cada intento un comienzo totalmente nuevo

y un fracaso de orden completamente distinto

porque s?lo se aprende a dominar las palabras

para decir lo que uno ya no quiere decir

o para decirlo como a uno no le gusta

ya decirlo. As? cada empresa es comenzar

de nuevo; una incursi?n en lo inarticulado

con m?sero equipo que sin cesar

se deteriora en el desarreglo general

del sentimiento impreciso: indisciplinadas

patrullas de la emoci?n. Y aquello que se trata

de conquistar por la fuerza y el sometimiento

ya lo han descubierto en una o dos, o en varias ocasiones,

hombres que uno no puede aspirar a emular;

pero no hay competencia, s?lo existe

la lucha por recuperar lo que se ha perdido

y encontrado y vuelto a perder mil veces; y ahora

de nuevo en circunstancias que parecen adversas.

Pero tal vez no haya ni p?rdida ni ganancia.

Para nosotros no hay sino el intento.

Lo restante no es de nuestra incumbencia.

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El hogar es el punto del que partimos. Vu?lvese

m?s extra?o el mundo a medida que envejecemos,

m?s complicada la trama de muertos y vivos.

No el v?vido instante aislado sin despu?s ni antes,

sino el arder constante de una vida,

y no la sola vida de un hombre, sino de viejas

piedras que nadie sabe descifrar. Hay un tiempo

para la noche bajo la luz de las estrellas

y un tiempo para la noche a la luz de la l?mpara

(noche del ?lbum de fotograf?as).

Es m?s ?l mismo el amor cuando aqu?

y ahora dejan de importar.

Los viejos deber?an ser

exploradores, ahora y aqu?

no importan, debemos quedarnos quietos

y movernos hacia otra intensidad

para lograr mayor uni?n, una comuni?n

m?s profunda en la fr?a desolaci?n oscura,

entre los gritos del viento y la ola,

en las aguas inmensas del petrel

y la marsopa. En mi fin est? mi principio.

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Publicado por pedrogollonet @ 13:49  | Literatura. Poes?a
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 22 de diciembre de 2010 | 20:52

Había entrado en tu blog sin saber muy bien qué hacer. Después de tu comentario en FB puse a East Coker Cuatro Cuartetos en google para intentar comprender más y llegué a tu blog nuevamente. Me gustó leer los cuatro cuartetos y tus comentarios al inicio. No sé nada, prácticamente, sobre poesía pero me gusta leerla de vez en cuando. Tendré que visitar tu blog. Estoy seguro de que por aquí aprenderé .... Gracias.

Publicado por pedrogollonet
Jueves, 23 de diciembre de 2010 | 20:05

Muchas gracias, Juan, por compartir mis lecturas, pero aprender..., sólo de la vida y de los libros. Me alegro que se te haya abierto una ventana que, a veces, se nos muestra brumosa, otras.. luminosa, inquietante, dolorosa, que nos muestra la soledad, el amor, el desamor, el silencio, el hastío, la belleza, el placer, el deseo, la solidaridad, la rebeldía, la duda, la contradicción, la experiencia, el vacío, lo más sublime y lo más miserable, en definitiva al ser humano desnudo, a la vida sin disfraz. No la cierres, que te ayudará a vivir.

Publicado por Invitado
Viernes, 24 de diciembre de 2010 | 11:42

Gracias a tí Pedro por esta ventana... No la cerraré.

Publicado por Invitado
Jueves, 20 de noviembre de 2014 | 13:39

Hola, entiendo que el poema está sacado de la edición de cátedra, verdad?