mi?rcoles, 02 de febrero de 2011

 

De la magnífica edición de Publicaciones de la Residencia de Estudiantes acerca de los recitales que en la Residencia diera Ángel González, el 30 de mayo de 1989 y el 13 de junio de 2001, y bajo el título "La Voz de Ángel González", he seleccionado tres poemas de cuya lectura disfruto y que en la voz del poeta me sobrecogen especialmente.  

El primero tiene a la esperanza como referencia, con ironía pero "con esperanza" a diferencia de otros desolados poemas del autor; en cualquiera de los matices "esperanza/desesperanza" sus versos sudan humanidad, soledad y vida. A continuación, he optado por el poema "Poética, a la que intento a veces aplicarme" en el que Ángel González reflexiona con lucidez y encomiable brevedad sobre la poesía simplemente pura y aquella otra que devuelve humanidad al lector; reconozco que mi admiración por el poeta viene de mi afecto por el hombre que sus versos me devuelven -además de mi gusto por la forma de su palabra sin artificios-. Y, en último lugar, de su libro Otoño y otras luces, el poema "Estampa en invierno", en el que el tiempo -también una de mis temáticas preferidas- y la memoria son los ejes del mismo. 

 

             ESPERANZA

 

araña negra del atardecer.

Te paras

no lejos de mi cuerpo

abandonado, andas

en torno a mí,

tejiendo, rápida,

inconsistentes hilos invisibles,

te acercas, obstinada,

y me acaricias casi con tu sombra

pesada

y leve a un tiempo.

 

Agazapada

bajo las piedras y las horas,

esperaste, paciente, la llegada

de esta tarde

en la que nada

es ya posible...

                   Mi corazón:

tu nido.

           Muerde en él, esperanza. 

 

    

           POÉTICA

 

Escribir un poema: marcar la piel del agua.

Suavemente, los signos

se deforman, se agrandan,

expresan lo que quieren

la brisa, el sol, las nubes,

se distienden, se tensan, hasta

que el hombre que los mira

-adormecido el viento,

la luz alta-

o ve su propio rostro

o -transparencia pura, hondo

fracaso- no ve nada.

        

      ESTAMPA DE INVIERNO

 

Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo

arropado en las mantas y las evocaciones

de días más luminosos y clementes,

por no sé qué resquicio de mi ventana entra

un cuchillo de frío,

un gris galgo de frío

que se afana en mis huesos con furia roedora.

 

No es de ahora, ese frío.

Viene desde muy lejos:

de otras calles vacías y lluviosas,

de remotas estancias en penumbra

pobladas sólo por suspiros,

de sótanos sombríos

en cuyos muros reverbera el miedo.

 

(En un lugar distante,

trizó una bala

el luminoso espejo de aquel sueño,

y alguien gritaba aquí, a tu lado.

Amanecía)

No.

No está desajustada la ventana;

la que está desquiciada es mi memoria.

 

Esta lectura ha coincidido en el tiempo con la de un nuevo poemario de un destacado poeta de gran prestigio intelectual y poseedor de numerosos Premios y distinciones académicas. Tras su lectura me he visto irremediablemente reflejado en los versos de Ángel González:

.............................. 

este hombre que los ha mirado

-adormecido el viento,

la luz alta-

no ha visto su propio rostro,

no ha visto nada,

porque no me basta

la palabra pura,

busco el alma

Pedro Gollonet. 3 de febrero de 2011.

                          Por siempre, Ángel González, Poeta. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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