Lunes, 12 de septiembre de 2011

 

Facebook me ha proporcionado la oportunidad de conocer personas maravillosas, ya amigas,  y compañeros en el oficio de la palabra, además de brindarme un marco nuevo y libre para la comunicación,  tan necesario en un mundo de seres ayunos de palabras, opiniones  y afectos.

Ahora bien, esa pantalla sin límites también me ha proporcionado la triste posibilidad de comprobar a diario el sectarismo y, sobre todo, la peligrosa iluminación en la que tantos  viven, así como el fácil exhibicionismo de proclamas tras las que se adivina, además de un indisimulado ego en un medio en el que la adulación resulta barata, una absoluta falta de respeto por las ideas y libertad de otros, incluso propiciando, las más de las veces, la ridiculización de éstos bajo el amparo del buen uso lingüístico de la palabra.

Esa libertad que considero el más innegociable bien del ser humano da paso a la descalificación continua, al rencor, al odio indisimulado y a una ausencia de paz interior que trasluce la imposibilidad de que esos tantos puedan colaborar a la pacificación de una sociedad sin nortes, con sistemas estructurales agotados y con enfrentamientos que olvidan que el ser humano en su grandiosa pequeñez es el único protagonista de esta historia en la que no hay contrarios, sino hermanos.

Por ello, son muchos los días en los que estas actitudes de intransigencia y falta de respeto a la libertad de los demás me producen mayor temor y desasosiego que las propias noticias que los medios transmiten de este mundo nuestro tan perdido, porque considero que las soluciones no están tanto en los poderes públicos como en los espíritus de quienes conforman esas sociedades a las que rigen. Y no se confunda; mi insobornable compromiso con la libertad no tiene más límite que el respeto más íntimo a la libertad de los demás, pero no como una  concesión sino como el reconocimiento a la singularidad del ser humano y a la convicción de que la paz y un orden público justo, en sus aspectos jurídico y socio-económico, resultan imposibles si tan sólo residen en normas y no en los corazones de todos.        


Tags: Facebook, Libertad, Intolerancia, Pedro Gollonet

Publicado por pedrogollonet @ 10:39
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