Martes, 10 de noviembre de 2009

   
                                   Solamente un recuerdo

                                        Anoche,  sombríos halos del otro lado

me dieron a elegir un solo recuerdo de toda mi existencia  

que llevar pudiera conmigo a lo imperecedero  -¿o no?,

a lo más insondable y definitivo, -puede que tampoco-,

y todos mis poros exudaron fluidos desconocidos,

exhausto,  hasta el clarear del nuevo día  

-¿acaso nuevo?,   

mas en la punzante zozobra de elegir,

de desintegrarme perdiendo, una vez más,

en la egoísta deserción de quienes amo,

me aferré a la implacable y cruel memoria 

-a la que, tantas veces, repudié-,

pues ellos eran muchos más de los que nunca pensar pude

y todos eran yo, confundidos en el tiempo, si es que es tal,

sin espacio, contextos ni posibles contingencias,

plenamente exentos de artificios en un ser único,

que excedía al de todas nuestras vidas

o al menos al de aquel que estaba siendo.

Y comprendí que yo no era aquel que había creído,

ni todos ellos tampoco,

menos aún quienes aparentábamos ser o haber sido,

y me enajené, en la más extraña locura,

incapacitado de conciliar mi recóndito interior

con todas las mentiras que a nuestras vidas

habían convenido y, absorto,

se me permitió contemplar otros mundos paralelos

que, en la más real de todas las visiones,

reconocí seminalmente míos.

Ese era yo en ellos, sin pasados ni futuros,

porque ni el presente estaba;

yo era el más precario de todos los pensamientos,

sin nociones de comienzo o fin,

palabras, cuerpo, ni sentires tan siquiera,

una idea abstracta, infinita tal vez,

y me ahogaba en la angustia de no ser,

de no haber sido, y derrotado sucumbí a todos los sueños,

                                                                si es que lo fueron.

 

        Mas palpité con los azules primeros, en la turbada ansiedad

de alboradas que me hicieran retornar

al que había parecido que no era,

y de toda mi vida que no fue

solamente un recuerdo emergió en la tarda memoria,

plenamente hueca.

Había un niño sin edad que chapoteaba descalzo

en los atolondrados regatos de los bosques de la Alhambra,

encauzando palitos hacia finales secretos,

y cruzaba la Puerta de la Justicia, de un portón al otro,

saltando, una vez y otra, y otra , infatigable,

a los dos únicos mundos que no habían sido imaginarios,

embebido en aromas de misterio y humedades.


      
               Pedro Gollonet. Gelves. 10 de Noviembre de 2009.  



                         Puerta de la Justicia. Tránsito.


     


                               Puerta de la Justicia. Hacia la luz



Tags: Pedro Gollonet, recuerdo, tiempo, existencia, Alhambra, niño

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