Viernes, 13 de noviembre de 2009


                         Los remeros del tiempo

 

        Acaso ese desliz en lo que es mera

existencia, sin más,

que hemos llamado tiempo, muestre  a veces

indicios de un ser propio

y, de alguna manera, por sí mismo

se manifieste. No rotundamente

como posesionándose del aire

que respiramos, ni interrumpida

y sucesivamente, dando

continuidad fingida

a lo instantáneo, ni rotando en círculos

concéntricos pues la existencia fluye

sin centro alguno, sino

superponiendo su decurso en láminas

finísimas, en capas o en estratos

en los que bien pudiera ser posible

horadar y pasarse,

no sé cómo, al de arriba

o al de abajo y, al pronto,

hallarse en otra historia.

 

     Y pudiera también que esta pulida

mansedumbre, esta lámina de agua

por la que me deslizo entre lamentos

como canciones y entre roncas voces

de antiguos siervos, sea

uno de esos estratos, y me encuentre

ahora y sin saber cómo remando

en el tiempo, otro tiempo, entre los viejos

remeros de este Volga que aún arrastran

su miseria por tan indiferente

superficie.

 

          Me palpo

las andrajosas ropas, miro

mis botas destrozadas por el hielo

y pienso si algún día, en un futuro

que se escapa a mis mientes,

alguien navegará, quizás yo mismo,

por estas aguas, estos

horizontes de bosques y de brumas

y podrá revivir este momento

de lucidez atormentada.

       ( Yaroslavl, Rusia, 1966 ).

       De Los estados transparentes

 

 

        [ Siempre llegamos a destiempo ]

 

    

      Siempre llegamos a destiempo.

Cada llegada es un fracaso. Parte

ya el tren y conseguimos

subir en marcha. Todo en vano.

Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido.

A través del cristal nos asomamos,

pero la vida ya se ha ido; todo

se ha ido inacabado.

Estamos viendo, rostros, árboles,

de otras personas y otros campos.

Estamos contemplando una montaña

que ya no es esta misma que miramos.

Oímos voces, gritos, carcajadas

que hace ya tiempo que sonaron.

Difícilmente pretendemos

hallar una respuesta por el tacto;

y cuando al fin tocamos algo vivo

ya no está allí lo que tocamos.

Cada momento que nos lleva

es un presente ya pasado.

Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido;

se había ido al alcanzarlo.

         ( 1997). De Las edades del frío 


Tags: Rafael Guillén, tiempo, instante, existencia, pasado, presente, futuro

Publicado por pedrogollonet @ 11:30  | Literatura. Poes?a
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Comentarios
Publicado por pedrogollonet
Viernes, 13 de noviembre de 2009 | 11:44
En mi modesto homenaje a la poes?a del poeta granadino, quisiera compartir la lectura de estos dos poemas, en los que el tiempo no es un objeto tem?tico para adornar el verso, sino que nos conduce a la dimensi?n nuclear de la existencia misma. Aunque Variaciones temporales sea, tal vez, la m?s completa reflexi?n sobre los planos pasado/presente/futuro, he seleccionado estos dos poemas que considero buena muestra de la preocupaci?n y ocupaci?n de Guill?n por el tiempo desde una perspectiva conceptual casi de f?sica cu?ntica.Como afirma Pe?as-Bermejo, en estos poemas hay una confluencia de letras y ciencias, con una fecunda sabidur?a t?cnica y expresiva.Personalmente, me quedo con las palabras de Guill?n ?No soy en cada instante mas que lo que me queda? y comparto el tormento intelectual, puede que f?sico tambi?n, a que la reflexi?n conduce inevitablemente, aunque sea con la lucidez del poeta en Los remeros del tiempo.