Domingo, 15 de noviembre de 2009

                     Sobre toda palabra

 

No es fácil retener cuanto de cierto

lleva cada palabra, rescatada

por la verdad del borde de la nada.

La medida es un eco, un eco muerto.

 

La verdad no es la rama; es el injerto

propicio al viento fuerte y a la helada.

No es cuerda ni metal; es la tonada,

la alada melodía del concierto.

 

Propicia al viento fuerte y a la ruina,

camina la verdad, triunfa y camina

de palabra en palabra, paso a paso.

 

¡Y es gozo recibir su luz violenta,

y sentir cómo nace y se sustenta

del mismo manantial de su fracaso!

           (1956) De Antes de la esperanza

 

 

           La forma de la angustia

 

He venido a deciros que no puedo

decir más que la forma, el modo, el caso,

la apariencia tal vez, el clima acaso

de esta trampa tenaz en que me enredo.

 

He venido a deciros que me quedo

en el umbral; que está cerrado el paso.

Amigos, yo lo sé. Lleno está el caso

pero no dé de qué. Y este es mi miedo.

 

Y quisiera decir que es su presencia

el nudo de la náusea y la violencia.

La angustia misma no hay quien la describa.

 

Es como plomo y asco derretidos.

Como un alud de pájaros podridos

que nos empuja lento y nos derriba.

                  (1960) De El gesto

 

 

              Gesto definitivo

 

Aquí pongo la mano. Voy poniendo

la mano aquí y aquí, sobre los dones

de la tierra; la pongo

sobre un árbol, sobre una cordillera

nevada, sobre el mar.

Pongo la mano sobre el hombre. Pongo

la mano aquí, tal vez sobre el amor,

sobre una madre, sobre el sentimiento

o motivo que impulsa al sentimiento,

sobre la piel humana, o la injusticia,

sobre un trozo de pan, sobre una niña.

Pongo la mano blandamente sobre

un quejido animal, sobre una duda;

la pongo aquí en la tersa, falsa, hundible

envoltura del pensamiento. Pongo

la mano sobre la palabra, una

mano tan sólo sobre cada

palabra, puesta así, dejada sobre

un sonido, una voz, sobre el sentido

o modo que sostiene

esa palabra o voz. Pongo la mano

sobre el viento que ordena

la marejada humana, sobre el puro

esquema de una vasta e imposible

conciencia universal, la dejo inmóvil,

receptora, sensible,

sobre la puerta de salida, sobre

un destino mortal. Pongo la mano

sobre la causa, o Dios,

amorosa tal vez la mano. Pongo

la mano aquí, sobre el misterio.

     

        Nada pido. Yo nada pido, amigos.

Creedme. Nada soy; ni siquiera

una forma de ver o de tocar.

Yo nada tengo mío; sólo, acaso,

el gesto de ir poniendo, aquí y aquí.

la mano, con ternura.

          (1965) De Gesto segundo

 

  

           Toco un labio, una alondra

 

     Toco un risco, un otero, una montaña

y es mi contacto el que los endurece.

Ellos no son. Yo sí. Toco una frente

y su calor en mí se manifiesta.

Toco el abrojo, el cardo, la biznaga,

la grama horizontal, plantel de vida

sin fundamento, toco

el abedul, el fresno, el olmo, el arce,

enraizados alientos verticales,

surtidores de savia; toco el cedro.

Mi mano justifica su pujanza.

Toco un muñón de rama y se consuma

la amputación, latente sin mi tacto.

Toco el dolor y veo cerca el miedo

de haber sido su origen.

Toco el sueño y, en ese mismo instante,

da comienzo la acción. Y se enajena.

 

     Es mi tacto el que crea. Nada existe.

Si existieran las cosas,

su voluntad vendría hacia mi encuentro.

Aquella fruta, si existiera, haría

su historia de mi boca.

Toco un labio, una alondra, un espejismo.

Toco el pan y la lluvia.

Si existieran las cosas, llegarían

tendiéndome su ser, su estar conmigo.

 

     Posibles realidades. ¡Qué difícil

es ver la vida sólo desde un lado!

¡Qué difícil mirar sin tomar parte!

Todo lo ignoro. ¿El ser? ¡Ah, si existieran

las cosas!, ¿qué sería

de mí? Nada quizás; y entonces ellas

serían las que un día me tocaran

infundiéndome el ser a su albedrío.

              (1968) De Límites



Tags: Rafael Guillén, existencia, palabra, angustia, esperanza, relatividad, ternura

Publicado por pedrogollonet @ 17:01  | Literatura. Poes?a
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Comentarios
Publicado por pedrogollonet
Domingo, 15 de noviembre de 2009 | 17:07
Leer a Rafael Guill?n supone crecer en su admiraci?n ?ntima, no ya por su incuestionable y reconocida calidad po?tica, cuanto por esa lucidez y profundidad que nos conduce siempre a la reflexi?n permanente sobre la existencia, la relatividad del tiempo y de la materia, el amor, la muerte, pero todo ello impregnado de una ternura y emoci?n, que hacemos irremediablemente propias e ?ntimamente personales.
Si la met?fora adquiere carta de naturaleza en su poes?a, modestamente considero que ocupa un plano secundario -no menor-, por cuanto la riqueza expresiva y ling??stica son tan asombrosas en Rafael Guill?n que abarcan todo un mundo en el que la narrativa m?s rica irrumpe en la poes?a m?s bella y profunda, en un contexto de pasmosa actualidad que nos hace admirar a?n m?s su prolija obra literaria. Personalmente, me rindo ante la independencia expresiva y creativa de Guill?n, al que es dif?cil encajar en grupos o generaciones, aunque para m? estemos ante la m?s pura Generaci?n del 27.