Jueves, 11 de febrero de 2010

Konstantinos P.Kavafis (1863-1933) es tal vez el mayor exponente del renacimiento de la lengua griega moderna. Los siete jovenes años que Kavafis pasó en Inglaterra fueron definitivos para su formación; aprendió inglés, escribió sus primeros poemas y se familiarizó con los escritos de Shakespeare, Browning y Wilde, de quienes hay resonancias en sus versos. Kavafis tuvo pocos amigos en su juventud y no fue hasta los años de la primera guerra cuando entró en contacto con hombres de su altura, como Robin Furness, John Forsdyke o E.M. Forster, quien hizo conocer su obra en el mundo inglés. Kavafis murió sin ofrecer un volumen al público. Tuvo el valor de elegir a sus lectores, entregando mínimos ejemplos de su obra a quienes le visitaban o a aquellos que consideraba podían comprender lo que hacía. Los mejores poemas de Kavafis concentran la experiencia humana de una forma intemporal y por ello ha influido notablemente a autores como Cernuda o Gil de Biedma .En sus poemas homoeróticos, asoma la debilidad que nos acecha, la atracción sexual intensamente física ligada muchas veces al cristiano sentimiento de culpa.

Para José A. Valente, Kavafis es el poeta de la historia, concebida como un mecanismo en cuyos engranajes se inserta el drama de la conciencia personal. La vida para Kavafis debe ser una continua búsqueda del significado del viaje hacia Ítaca, hasta llegar al puerto que el destino designa como fin de la peregrinación para llegar a la sabiduría. He seleccionado cuatro poemas que son clásicos en la lectura de Kavafis y que de algún modo resumen su sentido de la vida y nos muestran la consciente musicalidad de su obra. Del poema Ítaca, he seleccionado la traducción (de las muchas existentes) de Anna Pothitou, en cuanto que ha procurado respetar el rítmo de los patrones de la versificación griega. 

Que siempre tengáis una Ítaca, que sea largo el camino, mas no desesperéis y menos aún le pidáis más de lo que lo que en vuestras propias alforjas hayais recogido. Pedro Gollonet



                    Ítaca

 

Al emprender el viaje para Ítaca

desea que el camino sea largo,

lleno de peripecias, lleno de saberes.

A Lestrigones y Cíclopes,

a Poseidón airado no lo temas,

que a tales no hallarás en tu camino

si es tu pensar excelso, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrigones y Cíclopes,

a Poseidón violento no habrás de encontrarte

si no es que ya los lleva en tu alma,

si tu alma no los alza frente a ti.

 

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas de verano

en las que con qué regocijo, con qué gozo,

llegues a puertos que tú antes ignorabas.

Detente en los comercios de Fenicia

y compra sus preciadas mercancías,

corales y nácar, ámbar y ébano,

y perfumes placenteros de mil clases,

cuantos aromas exquisitos puedas conseguir.

Visita muchas ciudades de Egipto,

y aprende, aprende de todos los que saben.

 

Pero en la mente siempre ten a Ítaca,

porque llegar allí es tu destino.

Mas no apresures en nada tu viaje.

Mejor que dure muchos, muchos años

y eches el ancla viejo ya en la isla,

rico de cuanto ganaste en el mundo,

sin esperar que las riquezas te las traiga Ítaca.

 

Que Ítaca te ha dado el viaje hermoso.

Sin ella jamás habrías partido.

Pero no tiene ya nada que darte.

 

Y si la encuentras mísera, Ítaca no te ha engañado.

Tan sabio que te has hecho, con tanta experiencia,

habrás ya comprendido las Ítacas qué son.

                                           1911

 

 

                  En lo posible

 

Y si no puedes disponer tu vida como quieres

esto procura al menos conseguir

en lo posible: no vayas a ensuciarla

al frecuente contacto con el mundo,

con charlas y negocios por doquiera.

 

No vayas a ensuciarla trasladándola,

rondando sin cesar y exponiéndola

a la vulgar locura cotidiana

de tanta relación y compañía

hasta que se convierta en una extraña intrusa.

                                  1913

 

 

        Melancolía de Jasón de Cleandro,

         poeta en Comagene, 595 D.C.

 

El envejecimiento de mi cuerpo y mi apariencia

herida es de un puñal abominable.

No puedo mantener ya la firmeza.

A ti recurro, Arte de la Poesía,

que sabes, de algún modo, de remedios;

intentos de letargo del dolor, con Palabra y Fantasía.

 

Herida es de un puñal abominable--.

Trae tus remedios, Arte de la Poesía,

que hacen que la herida –un instante- no se sienta.

                                          1921

 

                 
                        Recuerda cuerpo

 

Recuerda cuerpo, no tan sólo cuánto te han amado

no solamente las camas en que te acostaste,

sino también tantos deseos que por ti

hacían destellar tanto los ojos,

y que temblaban en la voz—y algún

obstáculo casual los anuló.

Ahora que ya todo al pasado pertenece,

parece como si a aquellos deseos

te hubieras entregado --qué destellos,

recuerda, en los ojos que te miraban;

cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo.

                                            1918


Tags: Kavafis, Cavafis, Alejandría, Ítaca, sabiduría, poesía de la experiencia, musicalidad rítmica

Publicado por pedrogollonet @ 18:23  | Literatura. Poes?a
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