Martes, 23 de febrero de 2010


Aún con el sabor dulce de la presentación de mi libro Todos los segundos en Granada -Medioteca Francisco Ayala del Centro Cultural CajaGranada- y antes de ahogarme en la siempre inconveniente autocomplacencia, no hay mejor antídoto que la lectura para volver a apreciar la efímera existencia del gozo y despertarme en la compañía de otras palabras. Para ello nada más estimulante que la poesía de Yolanda Sáenz de Tejada.
 
Yolanda Sáenz de Tejada consiguió el Premio Sial de Poesía 2008 con su poemario Tacones de azúcar. Si el título ya es, de por sí, sugestivo, más lo son los poemas en él recogidos.

Tuve conocimiento de la poesía de Yolanda en ocasión de un recital de Gracia Trinidad en Libertad8, en Madrid, en el encuentro mensual de Hazversidades Poéticas de los 8 a las 8 y en el contexto de una tertulia sobre nuevas voces. A esa circunstancia que me interesa sobremanera, se añadió mi interés al descubrir que su voz llegaba desde Granada -mi tierra-, cuyo sólo nombre me hace estar siempre alerta. Y, sin remedio, no tardé en adquirir este poemario.

Ante todo, sus palabras nos arrojan vitalidad y alegría, sensualidad y el gusto por la belleza de lo pequeño –tan sublime-. Esa positividad trasciende en cada poema, aunque el dolor se agazape detrás de la idea y preñara en otro tiempo la vivencia.

Mi obsesión por el tiempo en la poesía y mi aprecio del presente, me han hecho más cercana la poesía de Yolanda, en la que el ahora o el después presente adquiere un valor determinante en sus poemas.

La aparente sencillez expresiva no es sino una manifestación de esa sinceridad  vitalista ausente de ambages inútiles, pero con un particular dominio de la palabra.

Siempre he compartido la emoción de Riszard Kapuscinsky cuando decía que al escribir poesía, descubrimos en nosotros una otredad que nos sorprende en una sensación preciosa y extraña. Pues bien, me parece intuir que Yolanda Sáenz de Tejada disfruta también en ese descubrimiento que siempre nos hace encontrarnos con nosotros y en nosotros mismos. Con mi felicitación a la autora, incorporo dos poemas que me han gustado sobremanera y que quisiera compartir con quienes os acercáis a este modesto blog.  

Pedro Gollonet. Sevilla, 23 de febrero de 2010.



 
     
Tacones de Azúcar. Yolanda Sáenz de Tejada


 


         a los poemas de amor que nunca me dieron 


         No sé    

por qué siento

(pura indecencia)

celos de los poemas

que algunos hombres

escriben

a sus mujeres.

 

No sé

por qué me cuelgo

de la disculpa

un ahogo de

sonrisa torcida,

un amargo deseo

de destrozar

con mis dientes

esas frases.

(No la ames

tanto,

por favor)
 

Y termino

cerrando el poema,

dándole un portazo

a las comas

y escupiendo

en los puntos

(y aparte)

que han seguido

escondiéndome

la envidia.

 

Ahora vengo

aquí,

a este folio

coagulado de mí

(mi yo feo

y oscuro)

para mendigarte

a ti

(tu yo blanco de

versos inmaculados)

que me hagas

(por Dios)

un poema

de amor.

 

 

       Ha vuelto

sin avisar.

Con la vida recién lavada

y los sueños

preñados de nervios

y soledad.

 

Se ha sentado

exánime

en mi pelo

y me ha desenredado

la boca.

Al terminar,

me ha dejado probar

un trozo

pequeñito

de su lengua.

 

Sabía a almíbar

y a esencia de turrón.

A flores de menta

(con recuerdos)

y a sorbitos

dulces

de dolor.

 

Al terminar

la locura

del reencuentro,

he apartado

mis huesos

de su cuerpo

y sus ojos

de mi ardor.

Lo siento,

le he dicho

con una mentira

de verdad.

Alquilé nuestra

casa,

y al mismo inquilino,

mi corazón. 

Tags: Yolanda Sáenz, Tacones de azúcar, alegría, sensualidad, presente

Publicado por pedrogollonet @ 11:58  | Literatura. Poes?a
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