Jueves, 11 de marzo de 2010






Revisión médica rutinaria, dicen que inevitable;

él las consiente con docilidad.

Tienen la frecuencia justa para saberse dependiente, nunca atribulado.

Han pintado los pasillos de un azul incomprensible,

aunque – probablemente- los azules no busquen comprensión,

y continúa la mancha marrón de la última vez.

En realidad –piensa- es mejor así,

le marca el territorio como a su perro.

Pronuncian su nombre con fingida cercanía

para que confíe que ellos pensarán hoy en él,

mas tan sólo es un nombre, un número de historial.

No los cree, aún menos su familiaridad.

 

Pero ha surgido una excitante novedad: lo midieron.

Sí, hoy lo han medido: 178 cm.

¡Tan sólo ha menguado un centímetro  

desde que estúpidamente estuvo obligatoriamente alistado 

en un ejército estúpido, rodeado de inútiles estúpidos !

¡Un solo centímetro!. Nada más que un centímetro  

-mísero mengüe-,  

mas esto le produjo un excitante deleite a la doctora limpia   

que, histriónicamente, le felicitó: ¡Un sólo centímetro !. 

Y se lo comunicó como si del premio de un pasaje  

del más tedioso de los cruceros se tratara. 

¿Qué emoción esperaría la feliz profana de su vida?

 

Un solo centímetro para tanto dolor, tanta angustia sofocada,

cientos de horas de soledad arrastrada!. ¡Qué decepción! 

Tres centímetros -al menos- los habría considerado un precio justo.

¡Qué coste más raquítico! Olvidaba que las medidas,

que las penas también gozan de perspectiva.

Afortunada relatividad. ¡Y él sintiéndose afrentado por un sólo centímetro!

Pensó que a buen seguro tan sólo era merecedor de esa perdida

y puede que hasta fuese un buen presagio; 

aún quedaba recorrido por menguar y más precio que pagar. 

En realidad fue un consuelo, pues sintió que aún estaba sumergido 

en medio del duelo, ¿o acaso era pacto?,

que la vida y la muerte vienen manteniendo con él

                                                     entre muecas permanentes.



               
                                Pedro Gollonet, 11 de Marzo de 2010





Tags: Pedro Gollonet, relato corto, poema en prosa, pacto, relatividad

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