Viernes, 19 de marzo de 2010


    seguid ocupados.

                     a Ángel González, a quien siempre regreso

 

No sé si este afán lo consideráis pretencioso

-a mí me resulta justo-,

pero humildemente suplico

que cuando ante mí se presente

todos estéis ocupados,

algunos más alegres que otros,

pero también ocupados;

tan sólo postulo por unas manos

que me hablen al estrechar las mías,

unos ojos que me abracen sin juzgar

y poder a alguien decir: me muero.

 

Mientras ella o su tiempo no irrumpan

–nunca comprendí su género-,

por favor, a todos los santos rogad  

-vosotros a quienes quiero ocupados y hasta alegres-

que no sea en la calle

donde manos ajenas me aprieten,

donde esa mirada me escrute,

que, si es posible, reclamo junto a mis libros estar,

entre mis  recuerdos más inocuos, mis olores,

mi soledad de siempre

y si os lo requieren implorad con todas las fuerzas

que junto a extraños no represente  

esa mi última función,

que los aplausos ya me incomodan

y sólo anhelo que me dejen solito

con unas manos que hablen, una mirada fuerte,

mis cosas y lo que reste,

que eso sí es vida.

 

Y, por favor, seguid ocupados.

 

Pedro Gollonet,

en Gelves a 19 de marzo de 2010.







Tags: Pedro Gollonet, hogar, soledad, calor, muerte, Ángel González

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