Jueves, 01 de abril de 2010




  
He sido –estúpidamente-

y en menor medida

lo sigo siendo  

un asiduo de la decepción,

de mi inteligencia el mayor fracaso,

si bien no es menos cierto

que mi desencanto mengua

en la misma cadencia que mis fuerzas;

puede que sea porque espero menos

o porque conozco más

–a poco que te descuides

sufres un ridículo ataque de presunción-,

y ello a pesar de afanarme en la ignorancia  

o, sencillamente, porque ya casi todo me da igual

a fuerza de darle yo igual a casi todo.

 

El caso es que cada vez

me decepciono menos,

ni tan siquiera de mí mismo,

hastiado de esa obtusa querencia

a la frustración, al desengaño,

que de mi ingenuidad y en exceso

han abusado, hurtándome

tantos cachos de mis horas,

demasiados despojos de este otoño,

en una ruleta trucada

de amañadas esperanzas

que en la incomprensión

alcanzaron tantos días enajenarme.

 

El futuro, inefable en su inconsistencia

y eternamente poseído

de la más poderosa de las fuerzas

para algo que ni tan siquiera es,

confunde el conocimiento,

la esperanza, la percepción de los otros,

arrastrándonos en la fatal ilusión

por lo que nunca será,

por los que nunca llegarán a ser,

por lo que jamás llegarán a querernos,

condenándonos a malvivir.

 

¿Mas qué es la decepción

sino el mísero reflejo de nosotros mismos,

vana egolatría?;

al esperar cobijamos la decepción,

seminalmente adiestrados en la ignorancia

de las cosas, de los otros.

 

Hoy proclamo

que me decepciono menos,

que casi logro que no me decepcionéis,

porque irremediablemente

y a fuerza de tanto perder,

espero menos de las cosas,

de los otros, de vosotros,

también de mí,

pero en este tiempo

menos es tanto...,

que sigo irremediablemente

enloqueciendo y a mi pesar

en la espera

de tanto y tanto

que seguro no será.




Pedro Gollonet. Benalmádena a 1 de abril de 2010




Tags: Pedro Gollonet, decepción, esperanza, tiempo, futuro, conocimiento, desengaño

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