Jueves, 06 de mayo de 2010



Hace unos días acudí a Cádiz invitado por una buena amiga de juventud en ocasión de la entrega del XXIV Premio Unicaja de Poesía, del que carecía de referencias por lo que previamente me informé sobre sus bases, Jurado, antecedentes, así como del autor premiado a quien no conocía ni había leído, por lo que me anticipé a conocer su recorrido literario y el vital de alguna forma.

Lo cierto es que regresé a Sevilla con un sabor agridulce –detesto el término que me sabe a pollo cantonés, pero es bastante expresivo para poder situarnos sin metáforas  innecesarias-. Tuve la gran alegría de reencontrarme con una buena amiga de los 16 años, con una memoria histórica que yo desconocía y que en sus recuerdos me produjo algún que otro sobresalto; no hay nada como dejar pasar 40 años para conocer el resultado de lo que el tiempo ha hecho de nosotros y descubrir la otredad propia y ajena que ni tan siquiera intuíamos entonces, con independencia de las decrepitudes inevitables.

Tuve la oportunidad de descubrir un Centro Cultural vivo y una excelente y cuidada Biblioteca de temas gaditanos, con fondos históricos de gran interés y creo que insuficientemente conocida, aunque allí se hayan inspirado e ilustrado recientemente autores de prestigio intelectual reconocido, y, sobre todo, el acto me brindó la oportunidad de callejear por ese laberinto de arterias impregnadas de salitre y de historias que siempre miran al mar, aunque muchas veces tu mirada forastera no sepa en qué dirección.

El acto de entrega del Premio obedeció a los cánones habituales y al protocolo provinciano que siempre emerge en estas situaciones y que al tiempo le da calidez y cierta ñoñería. En cualquier caso, sería injusto si no digo que me pareció bien ajustado en la duración –lo que en sí mismo es un mérito de la organización- y de escaso contenido respecto a la glosa literaria del autor premiado. ´

Decía, no obstante, aquello del sabor agridulce, lo que ya nos conduce al agrio, que no fue sino consecuencia de mi propia ingenuidad que-por ahora- no pienso desterrar por higiene mental y física. Soy bastante escéptico y hasta crítico con la filosofía actual y organización de los numerosos Premios de Poesía –o al menos una gran mayoría de los mismos- que se convocan en España y que hasta en ocasiones se apellidan Internacional y también soy conocedor de la casual coincidencia de Jurado y Editorial en los de mayor prestigio -supongo que con la buena intención de entidades y Organismos Públicos convocantes de que el Premio resulte prestigioso y atrayente-.

Esta más que segura buena fe y la incuestionable calidad de la obra poética de los miembros de estos Jurados repetitivos, así como el interés comercial lógico de la Editorial, no evitan la suspicacia y la escasa fe de tantas voces nuevas y de un valor poético asombroso ante el hecho de presentar una obra a concurso. Incluso hablar de este tema según en qué ambientes literarios no favorece al opinante que casi por arte de magia se ve excluido del Parnaso de los elegidos y su obra considerada como menor de por siglos –los siglos de años contados que dure el poder de estos grupos de intelectuales que hacen un flaco favor a la Literatura, reservándose casi el exclusivo derecho a nominar a los meritorios de pasar a formar parte de los autores que deban leerse-.

En mi caso –créase o no, que es tan legítimo como mis dudas al respecto- carezco en la opinión anterior de todo atisbo de rencor, porque no me encuentro entre los postergados en Premio alguno y soy un afortunado por el simple hecho de amar la Poesía y arriesgarme a luchar con la palabra para plasmar mis emociones, sentimientos, mis devaneos con el tiempo y mi batalla con la vida , pero sí soy consciente de las limitaciones a que puede conducir dicha postura en cuanto a que determinadas editoriales acojan la obra de quien así piensa.

No obstante, este es el parecer de innumerables autores –especialmente jóvenes y con calidad- y no está de más que se oiga o lea su opinión –que también es la mía, pues no soy vocero de nadie- y se airee algo que empaña el nombre de numerosos Premios. No es cuestión de dudar de la honradez de miembros de Jurados que se repiten sistemáticamente –que también pudiera, porque la duda está instalada en el pensamiento-, pero sí que la libertad e independencia está reñida con esta reiteración que hace pensar casi en un club exclusivo y del que no conviene abjurar para no ser anatemizado y hasta considerado peligrosamente independiente. Y ello resulta aún más penoso cuando se trata de excelentes poetas e intelectuales con una  obra consolidada y no necesitada de estos juegos de exclusivismo, si no es por la ambición de querer controlar una parcela tan naturalmente insumisa y libre como es la Poesía o por espurios intereses de índole económica o de notoriedad.

Y se me puede preguntar si esa susceptibilidad anterior que deviene del seguimiento de Premios, jurados y premiados –en mi interés por leer cuanto nuevo se publica-, de tertulias, del conocimiento de autores jóvenes y menos jóvenes, pero de poesía cabal, independientes y con calidad literaria admirable, tiene alguna conexión con mi asistencia a la entrega del premio de la XXIV edición del Unicaja de Poesía en Cádiz y con ese sabor agridulce con el que regresé a Sevilla -ya caída la noche-.

Pues resulta que sí; lo que sigue no menoscaba la calidad de la obra premiada ni mi consideración por el autor al que una vez descubierto pienso seguir leyendo con el respeto con el que leo todo lo que en mis manos cae y desde la admiración por su poesía que algunos de sus poemas me han transmitido. Además de concurrir como Jurado el mismo y prestigioso elenco de siempre, no tenía inicialmente prejuicio alguno y sinceramente acudí deseoso, como siempre, de oír poesía y descubrir a un -para mí- nuevo autor.

Así las cosas, la presentación que del autor hizo uno de los miembros del Jurado –a quien habitualmente leo y del que esperaba mucho más- fue aumentando por minutos mi negativa sorpresa; considero que le hizo un flaco favor al autor –gaditano-algecireño y conocido en este ámbito- el hecho de que el presentador-miembro de Jurado mostrara tal grado de conocimiento de detalles de la vida personal y de la personalidad del premiado, con un amplio anecdotario que posteriormente la Delegada del Gobierno autonómico remató empalagosa e indisimuladamente ensalzando aún más, no ya la obra literaria como las características de aquella personalidad y los amigos comunes que compartían de antiguo.

La introducción de quien presentó al autor y la obra, que además prologa la misma, comenzó con una excusatio non petita acerca de la independencia del Jurado, de la mayoría unánime del acuerdo y de cómo se llega al resultado final. Con anterioridad el representante de la entidad convocante había dado cuenta del carácter internacional del Premio, de las innumerables obras presentadas y de sus lejanísimas procedencias.

Finalizado el acto se ofreció un aperitivo en el que mi amiga ante mis prudentes reticencias se esforzó con elegancia y absoluta buena fe a destacarme el hecho de que existe una lectura previa a la del Jurado, que supone una selección que el mismo desconoce, lo que inhabilitaría mis temores. Ello es lo habitual -le respondí-, aunque no resulte lo ideal, porque si se acepta ser jurado y lo que ello conlleva no deberían quedar en el camino obras o autores de calidad excepcional por el buen arte de un Jurado más o menos honesto, pero menor. Y además, ese sistema no prejuzga el conocimiento previo por el Jurado del contenido de las plicas, a sabiendas de que llevan un lema cuya vinculación con un autor determinado pudiera anticiparse, lo que no digo que en el Premio comentado sucediera, pero sí pudieron haberse ahorrado detalles, localismos y referencias personales sobre el poeta paisano, que no alimentaran dudas en tan internacional Premio.

Fui con la intención de saludar al autor, de solicitarle su amable firma de un ejemplar y de haber intercambiado algunas palabras de las de estas ocasiones -todo ello con mi reconocimiento-, mas lo lamento pues no pude sino irme a buscar por esas calles a medio iluminar un poco de levante que llevarme en el camino de regreso.

P.D. He leído la obra premiada y he disfrutado en mi complicidad con algunos de sus poemas y con su tratamiento poético de lo cotidiano, de la memoria del autor y de la melancolía que subyace sin aspavientos sentimentales y todo ello con gran brillantez expresiva en versos que subliman el amor y el deseo, aunque no comparta el gusto por la llamada  poesía política, por preferir la del compromiso personal que conduce menos al sectarismo, cosa que, por otra parte, no puedo decir suceda en la obra. Enhorabuena, Juan José Téllez por el premio y el poemario Las grandes superficies.

Pedro Gollonet. Sevilla a 6 de mayo de 2010 






Tags: Premios literarios, Jurados, Poesía

Publicado por pedrogollonet @ 11:50  | Literatura. Poes?a
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Comentarios
Publicado por Jose Zuniga
Jueves, 06 de mayo de 2010 | 13:21
Magn?fica cr?nica, Pedro. Y muy atinadas reflexiones.
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 19 de mayo de 2010 | 9:14
Muchas gracias por el comentario y por las reflexiones. Y lamento que no pudi?ramos coincidir al t?rmino de ese encuentro. Es cierto que existe una vieja relaci?n de amistad entre Felipe y yo, as? como entre otros miembros del jurado. Pero tambi?n es verdad que ser?a bastante dif?cil que no ocurriese en un ?mbito literario y p?blico en el que los caminos suelen entrecruzarse. Le agradezco sobremanera el tono de sus observaciones y supongo que tendr?a que averiguar la identidad de quienes van a fallar un premio antes de presentarme al mismo. Respecto al compromiso pol?tico, tambi?n respeto su posici?n pero la pretensi?n de mi obra es precisamente la de no disociar, por imposible, nuestro credo de nuestras costumbres, nuestros afectos de nuestros sue?os, la realidad siempre y el deseo a veces. Un fuerte abrazo.
Publicado por pedrogollonet
Mi?rcoles, 19 de mayo de 2010 | 13:43
Gracias a t?, si me permites el tuteo, por tus observaciones a mi comentario. Planteado as?, comparto, en cierta forma, la argumentaci?n acerca de la presentaci?n de obras a concursos literarios, lo que no quita que el acto en s? no diera lugar a pensamientos indeseables, m?xime trat?ndose de un poemario excelente, como ya dije.
Tambi?n comparto las reflexiones sobre la imposibilidad de disociar emociones e ideales.Para m? la poes?a, en esencia, es YO y ah? no caben disociaciones.Me refer?a a la poes?a pol?tica casi como g?nero.
Gracias, de nuevo, por tu contestaci?n, en la confianza de poder encontrarnos alg?n d?a en el tiempo y la palabra. Un abrazo
Publicado por pedrogollonet
Domingo, 30 de mayo de 2010 | 23:58
Tras el intercambio de opiniones con el autor premiado, muchos de los poetas a los que aludo en el art?culo -ninguno amigo personal- me reprochan no haber mantenido mi criterio, lo que no ha sucedido as?, pues con todo mi respeto a la opini?n libre del autor, sigo considerando que la organizaci?n de los principales Premios de Poes?a de nuestro pa?s est?n viciados ab initio y la configuraci?n de los Jurados y filosof?a de las editoriales m?s conocidas en las publicaciones de poes?a -que no dudo pueda obedecer a criterios razonables desde perspectivas econ?micas, pero no literarias- constituyen un mal end?mico en la salud de lirica espa?ola actual.